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Purpose 2.0: cuando el propósito deja de ser discurso y se convierte en reputación

Escrito por Adán Ramírez | Jan 29, 2026 7:44:10 PM

Durante años, el propósito corporativo fue una promesa elegante. Inspiradora, bien escrita, fácil de compartir. Funcionó… hasta que dejó de hacerlo. En 2026, el propósito ya no se evalúa en presentaciones ni en campañas, sino en decisiones concretas. En un contexto donde solo 40 % de las personas confía en que las empresas actúan en beneficio del interés público (OECD), las audiencias ya no quieren escuchar lo que una organización dice que es: quieren ver qué está dispuesta a sostener.

La reputación corporativa entra así en una etapa más madura y exigente. El propósito no desaparece, evoluciona. Deja de ser aspiración para convertirse en criterio. Y en esa transición —entre el ideal y la evidencia— surge lo que hoy empieza a definirse como Purpose 2.0: un modelo donde las palabras pesan menos que la coherencia, y donde cada acción se vuelve prueba. 

El propósito ya no se mide por la belleza del discurso, sino por la disciplina detrás de cada decisión. La reputación se construye en el cruce entre coherencia y acción: lo que haces cuando nadie está mirando y lo que eres capaz de sostener cuando todos lo están”, explica Yusuf Laroussi,nuestro Chief of Staff LATAM. 

Del relato inspirador al sistema de decisiones 

Purpose 2.0 exige un cambio profundo, aunque silencioso. Las empresas ya no pueden usar el propósito como mensaje; deben integrarlo a la estrategia. Decir que se genera impacto dejó de ser suficiente: hay que demostrarlo. Los datos lo confirman. Un estudio de Anthesis Group revela que 68 % de las personas cree que las marcas exageran su compromiso social o ambiental, alimentando una fatiga creciente frente a discursos que no se reflejan en la práctica. 

En este nuevo escenario, el propósito solo es creíble cuando se traduce en procesos, prioridades y límites claros. Cuando guía decisiones incómodas, no solo narrativas convenientes. 

Tecnología, confianza y carácter corporativo 

El punto de inflexión más visible llega con la tecnología. La expansión de la inteligencia artificial vuelve ineludible el debate sobre responsabilidad y transparencia. Según Technology Vision 202467 % de las personas quiere saber exactamente cómo las empresas usan la IA, mientras que Cisco 2024 Data Privacy Benchmark Report señala que 72 % está preocupado por la protección de sus datos personales. 

La desconfianza ya no se dirige solo a los mensajes, sino a los sistemas. Hoy, la reputación también se juega en cómo se diseñan, gobiernan y explican las tecnologías. En este contexto, la oportunidad no está en prometer innovación, sino en demostrar ética, claridad y control. 

Gobernar la IA también es gobernar la reputación 

La IA abre posibilidades enormes, pero exige responsabilidad proporcional. No basta con incorporarla: hay que gobernarla. Las organizaciones deberán explicar cómo mitigan sesgos, cómo protegen datos, cómo toman decisiones automatizadas y cómo garantizan que la tecnología refleje valores humanos. 

En Purpose 2.0, la ética tecnológica deja de ser un tema técnico y se convierte en una señal directa de liderazgo reputacional. La confianza se construye cuando la innovación se acompaña de criterio. 

La reputación sube al nivel directivo 

Este cambio no es menor. La reputación dejó de ser un tema exclusivo de comunicación para convertirse en una prioridad de negocio. De acuerdo con datos de Diligent Governance Trends 202572 % de las organizaciones ya considera la reputación entre sus tres principales riesgos corporativos, junto con ciberseguridad y cumplimiento. Una incoherencia ya no solo daña imagen: puede afectar operaciones, valor financiero y talento. 

La confianza es hoy el activo más escaso y más valioso. Las organizaciones que prosperen serán aquellas que conviertan su propósito en sistema: medible, gobernable y visible. El liderazgo reputacional no será para quienes prometan más, sino para quienes demuestren mejor”, señala nuestro especialista en comunicación corporativa. 

Transparencia como nuevo contrato 

En este contexto, la transparencia deja de ser una virtud aspiracional para convertirse en un estándar mínimo. No se trata de comunicar más, sino de mostrar mejor: cómo se escuchan a los stakeholders, cómo se corrigen errores, cómo se integra el aprendizaje en la gestión diaria. La evidencia reemplaza al eslogan. 

Las empresas que lideren en 2026 no serán las que cuenten las historias más inspiradoras, sino las que sostengan las pruebas más sólidas. Purpose 2.0 no es una tendencia pasajera: es la brújula que marcará quién avanza y quién queda atrás en un entorno donde la confianza vuelve a ser la moneda más valiosa. 

El propósito como ventaja real 

Hoy, convertir el propósito en reputación exige método, estrategia y acompañamiento. No se trata de decirlo mejor, sino de hacerlo operable. De traducir valores en decisiones y decisiones en confianza. 

Si tu organización está lista para dar ese paso —del discurso a la evidencia—, es momento de repensar cómo comunica, cómo gobierna y cómo se explica. 

Intercambiemos ideas sobre cómo convertir el propósito en un sistema que proteja tu reputación y fortalezca tu negocio a largo plazo. Suena interesante, ¿verdad?